¿Hasta donde llegarías si la vida no tuviera prisa?

Hay personas que nacen, envejecen y mueren.
Y luego está Centum Bai.

Un viajero condenado a caminar entre los siglos, envejeciendo apenas un año cada cien. Un testigo de imperios que se derrumban, de amores que se convierten en polvo, de guerras que se repiten como malos sueños.

Tiene la sabiduría de los antiguos y la fragilidad de los mortales. Recuerda cuarenta y cinco idiomas, pero a veces olvida su propio nombre. Sus heridas tardan décadas en sanar. Su sombra, dicen, muestra lo que él intenta borrar.

Los gatos lo curan. Los perros lo persiguen.
Y el tiempo… el tiempo solo lo arrastra.

¿Hasta dónde llegarías si la vida no tuviera prisa?

Los gatos naranjas siempre lo encuentran. No importa el siglo, la ciudad o la herida que lleve en el alma. Entre todos, Talín es el más persistente: un fantasma peludo que reaparece vida tras vida, con la misma cicatriz en forma de luna y el mismo ronroneo que sutura heridas que deberían tardar décadas en cerrar. No es magia—es la terquedad de un felino que decidió adoptar a un inmortal. Mientras los perros negros lo persiguen y los hombres olvidan su nombre, Talín permanece: durmiendo sobre sus libros antiguos, lamiéndole las lágrimas saladas y recordándole que, incluso para alguien que ha visto caer imperios, el verdadero misterio del universo sigue siendo el ronroneo de un gato al amanecer.


En los pliegues del tiempo, donde los siglos se solapan como páginas de un libro olvidado, camina Centum Bai. Un hombre que envejece un año cada cien, condenado a recordar lo que el mundo olvida. Sus heridas tardan décadas en sanar, sus amores se desvanecen como niebla al alba, y una moneda veneciana de 1595 -que siempre regresa- le recuerda que algunas deudas con el destino nunca se saldan. Entre gatos que lo curan y perros que lo persiguen, Centum sigue su camino: testigo eterno de una humanidad que tropieza una y otra vez con las mismas piedras.


Qué dicen los lectores

Centum Bai es lo que hubiera creado Borges si se hubiera emborrachado con Hemingway en una taberna del siglo XV. (Andrés. A)

¿Nadie más piensa que Centum Bai ES Caravaggio? Pintó su propia muerte, tomó la moneda y BOOM: inmortalidad. El gato es un demonio del Renacimiento. (Elias. P)

Estoy seguro de que Talín es el verdadero cerebro detrás de todo. Centum solo cree que es su mascota, pero en realidad el gato lo manipula desde hace siglos. (Marta. A)

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